¿Por qué hago yo Fotografía Documental Familiar?

Para mi, la maternidad es esencialmente contradicción. Es vital y a la vez agotadora. Es bella y asquerosa. Sorprendente y rutinaria. Necesita orden e improvisación. Es planificada e imprevista. Privada y pública. Para mi, la maternidad es cambio. Movimiento continuo. Interno y del mundo entero a tu alrededor.


Y eso es lo que intento capturar en forma de fotografía y video: capturo el momento tal y como es ahora. Puede parecer que no es tu mejor momento: podrías dormir más, ser más ordenada, ir más a la moda, sentirte más sexy, tener tiempo (un poquito valdría) sólo para ti, pero eso será en otro momento. Uno diferente. En el que no tendrás manitas recorriendo tu cuerpo sin que lo esperes, ni el mundo estará lleno de magia y sorpresa, tus tetas serán sólo tuyas y recuperarás tu nombre de persona. Pero eso será otro momento y éste que vives ahora habrá pasado.


Desde mi adolescencia tengo una sensación que me acompaña siempre: la de que el tiempo pasa muy rápido y no puedo retener los detalles. Supongo que porque soy una persona muy práctica, mis afectos están muy ligados a compartir lo cotidiano: los pequeños rituales, el tiempo compartido, las miradas, los mimos, los vínculos que sólo se producen en el piel con piel. No me refiero sólo a ahora que soy madre, sino a todos los afectos. Siempre he tenido la necesidad de hacer fotos y vídeos de los que me rodeaban en cada momento, más de las personas que de los escenarios, para poder conservarlo para siempre porque me persigue la sensación de que el tiempo se me escurre entre los dedos y no puedo retener los momentos quizá más cotidianos pero para mí mas valiosos.


Para mi, la esencia de los que somos está contenida en los pequeños detalles. Los grandes momentos para los que posamos y nos vestimos sólo un día son geniales y memorables también (me encantan y me divierten muchísimo), pero no es cómo somos en nuestro día a día. Los recuerdos más intensos muy a menudo se despiertan con pequeños detalles imperfectos: un olor, una canción, aquella frase que nuestro hijo repetía continuamente con 3 años, la primera ecografía de nuestro embarazo. Y eso abre la puerta a recuerdos muy intensos de nuestra vida, llenos de pequeños trazos nada grandilocuentes. Al final, lo que recordamos de ciertas épocas son detalles que en su momento pasaban desapercibidos, pero que encerraban un montón de emociones y relaciones.

Recuerdo que mi tía un día, viendo de la infancia mía y de mis primos se sorprendió de que a pesar de lo intensa que había sido la vida con niños, no recordaba muchos detalles.

Parece que teniendo el móvil a mano, ahora tenemos fotos de todo. Pero si echas un vistazo a las que tienes en el tuyo seguramente se repiten bastantes situaciones y la mayoría son de momentos de celebración y posados.


Capturar la vida real no es fácil, porque vivimos en un mundo de imágenes de Instagram, que pone el foco en el éxtasis en vez de en en lo cotidiano.


Y eso es lo que solemos fotografiar todos: el momento excepcional, la sonrisa, lo guapos que estamos todos juntos. Pero la esencia de nuestros vínculos no está en la foto posada y preparada sino en las miradas que nos dedicamos sin darnos cuenta, en los achuchones robados, en los momentos de tensión durante las rabietas, en las peleas entre hermanos que duran segundos y preceden a declaraciones de amor total, en nuestro cansancio mientras ellos dan saltos en la cama. Vamos, en la montaña rusa que es una familia.

En definitiva, hago fotografía documental familiar porque quiero recordar cómo es mi vida en cada momento y quiero que mis hijos puedan conservarlo también cuando crezcan.


Creo que a la larga éste es mi regalo para ellos como fotógrafa y como madre: conservar un relato lo más realista y detallado posible en forma de fotografías y vídeo de cómo era su vida durante su infancia. Cómo éramos todos.

#capturatumomento

#fotografiadocumentalfamiliar